lunes, 16 de enero de 2012

83. ¿DÓNDE ESTÁN LAS LLAVES? (IV)

El señor buzo sólo fue el inicio de varios trabajos que vinieron después.

Llaveros personalizados.

Y aquí es donde he llamado al orden a mis clientes porque es uno de los trabajos más ingratos que he visto.

A ver, me explico.

Si el muñequito/llavero sale mono (porque currao está, eso os lo aseguro, aunque 'trabajado' no sea sinónimo de 'aceptable'), te sientes pa pegar saltos de alegría cuando el comprador y/o/u destinatario te dicen eso de: mooooooolaaaaaaaaaaaaaa

Pero el caso es que yo soy de las perfeccionistas, ya os lo dije.

Y buceando por la red llegas a webs donde al mirarlas, el mentón cae a la velocidad de la luz, para chocarse con el ordenador portátil de lo boquiabierta que te dejan.

Favorablemente, claro. De los/las que mejor se deberían de dedicar a afeitar ranas o a chupar candaos, también los hay y much@s, pero de esas no hablaré.

Porque hacerlo mal es muy fácil.
Hacerlo bien es lo difícil.
Y hacerlo muy bien, lo apoteósico.
Es decir.
El kilo de helado de chocolate que te zampas y se va directo a tu ego. Que a tu culo y a las lorzas también. Pero es que yo soy estupenda con ambas y sólo miro mi ego.

Así que héte aquí, que tras el buzo (reto de mi amiga la V.I.P. para su marido), llegaron otros.
No buzos. Si no llaveros personalizados.

Entre ellos, el doctor. La enfermera. El atleta. El futbolista (en proceso de creación)...

Hoy toca el señor médico. Dicho por su familia, 'clavaico'. 
Creo que lo tiene de foto de perfil en el twiter.  No os digo más...







¡Gracias Maria José!

1 comentario:

  1. Jajajaja, me ha encantado!!!
    Si te mando una foto con la cara de amargá que tengo me haces uno a mi???

    ResponderEliminar

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